Offshoring o deslocalización

La situación económica actual, junto con la globalización, han provocado el fenómeno de deslocalización empresarial conocido como “offshoring”. Numerosas empresas abaratan costes derivando sus funciones en países en vías de desarrollo con mano de obra más económica. Lo que comenzó tratándose de fábricas satélites con funciones de producción ha derivado en un mercado global que genera en estos lugares todo tipo de actividad. De este modo, no es difícil encontrar en países de Asia, Sudamérica o Europa del Este filiales que contemplan todo tipo de servicios, incluyendo producción, manufactura e incluso, I+D.

Uno de los principales elementos de este fenómeno, son los recursos humanos. La mano de obra es más barata en países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Algo que se viene denunciando a lo largo de décadas es el abuso de esta situación por parte de las multinacionales. La ausencia de legislación laboral y sindicatos en muchos de estos países, permite a estas empresas pagar sueldos ínfimos por jornadas laborales interminables en condiciones infrahumanas. También se ha denunciado la incorporación de menores en estas mismas circunstancias.

Pero no solo la mano de obra abarata los costes. La infraestructura es otro de los factores más relevantes. No deja de ser curioso que a una empresa le salga más rentable fabricar sus productos al otro lado del mundo que en su propio país. Pero tanto el transporte por carretera, ferrocarril, puertos y aeropuertos como las rentas y el suelo, no sólo tienen unos precios más que competitivos , sino que además, se está creando una infraestructura específica para recibir a todas estas compañías en las mejores condiciones. Lo que invita a pensar que esto no ha hecho más que empezar.

Países emergentes como China, India o Rusia o la alternativa latinoamericana con Brasil, Colombia y Chile a la cabeza, son los principales destinos de estas compañías.

¿Cómo influye esta situación en occidente? Pues claramente el panorama es desolador. Si las grandes sociedades son las beneficiadas por esta coyuntura, para el ciudadano medio las cosas son bien distintas. La ausencia de empleo se ve agravada con la desaparición de todos estos puestos de trabajo. Los más jóvenes están obligados a emigrar (muchos de ellos a los países citados con anterioridad) en busca de un futuro mejor. La buena preparación académica ha propiciado un nuevo tipo de emigración bien distinto a otras corrientes migratorias a lo largo de nuestra historia.

El verdadero drama viene con aquellas personas que rondan el medio siglo y se quedan sin trabajo por primera vez en muchos años. Empresas de astilleros, textiles, automovilísticas o de tabaco han protagonizado casos de despidos masivos debidos al offshoring. Estas personas, de quienes en la mayoría de los casos dependen familias enteras, son las principales víctimas de este fenómeno.

Queda por analizar qué viene a continuación. Y tampoco se puede ser demasiado optimista. El offshoring sigue creciendo, al igual que la crisis global y la tasa de paro, rompiendo todos los registros históricos. Si bien esta situación socioeconómica no puede sostenerse mucho más tiempo así. Se presentan, por tanto, tiempos de cambio en los que conviene estar atento a lo que va aconteciendo a nivel global, para anticiparse así al próximo giro de guion y no dejar escapar las oportunidades que se suele generar en momentos tan inestables.

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