Pacto que exime al vendedor del saneamiento por evicción

En las relaciones contractuales la buena fe, es una figura jurídica que juega un papel importante. En un contrato de compraventa es válido que las partes acuerden que el vendedor queda eximido de su obligación de saneamiento por evicción, pero cuando ha habido mala fe por parte del vendedor al suscribir ese pacto que lo exonera de tal obligación, dicho pacto es nulo.

Un ejemplo de mala fe en esta situación es que el vendedor tenga conocimiento de que por ejemplo la casa que vendió se encuentra en posesión de otra persona, entonces la validez del pacto que exime al vendedor de su responsabilidad respecto a la evicción es válida si se obro de buena fe, es decir, no tenía conocimiento de situaciones que pudieran privar al comprador de la cosa comprada.

Pero, ¿exime de la obligación de restituir el precio la estipulación que exonera al vendedor del saneamiento por evicción? Aunque las partes hayan acordado clausula a través de la cual se exonera al vendedor del saneamiento por evicción, no por esto se absuelve de la obligación de restituir el precio de la cosa en caso de evicción.

La obligación de restituir el pecio completo de la cosa evicta, debe hacerlo el vendedor aunque se presenten las siguientes situaciones:

  • Aunque la cosa haya sido estropeada.
  • Aunque el precio haya disminuido, es decir, se haya desvalorizado.

A pesar de que el deterioro o disminución del precio de la cosa se hayan causado por negligencia del comprador le corresponde al vendedor pagar el precio integro de la cosa en caso de evicción,  a menos que el comprador haya sacado provecho del deterioro, en tal caso se hará el descuento correspondiente.

Todo esto según lo preceptuado en el artículo 1909 del código civil, el cual dice lo siguiente:

“La estipulación que exime al vendedor de la obligación de sanear la evicción, no le exime de la obligación de restituir el precio recibido.

Y estará obligado a restituir el precio íntegro, aunque se haya deteriorado la cosa o disminuido de cualquier modo su valor, aún por hecho o negligencia del comprador, salvo en cuanto éste haya sacado provecho del deterioro.

Cesará la obligación de restituir el precio si el que compró lo hizo a sabiendas de ser ajena la cosa, o si expresamente tomó sobre sí el peligro de la evicción especificándolo.

Si la evicción no recae sobre toda la cosa vendida, y la parte evicta es tal, que se ha de presumir que no se habría comprado la cosa sin ella, habrá derecho a pedir la rescisión de la venta.”

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