Prohibido perder plata en la venta de un bien raíz

En la vida real cuando se venden activos se puede ganar plata o se puede perder plata, pero para el estado si se trata de la venta de un bien raíz, está prohibido perder plata al venderlo.

El artículo 90 del estatuto tributario regula la forma como se debe determinar la renta bruta o la pérdida por la venta de activos fijos, y no es otra que la diferencia entre el valor de la venta  y el costo fiscal de activo respectivo. Nada complicado el asunto.

Sin embargo, el inciso 4 del artículo referido dice en su parte final:

Si se trata de bienes raíces, no se aceptará un precio inferior al costo, al avalúo catastral ni al autoavalúo mencionado en el artículo 72 de este Estatuto.

En otras palabras, prohibido vender por debajo del costo;  prohibido perder plata en la venta.

Y aunque no es normal que se pierda plata en la venta de bienes raíces, es algo que puede suceder, y de llegar a suceder, la ley tributaria debería contemplar la forma de reconocer esa realidad como en efecto lo hacía hasta antes de la promulgación de la ley 863 de 2003, donde se podía permitir un valor de venta inferior al costo siempre que el contribuyente pudiera probarlo mediante avalúos técnicos idóneos y reconocidos.

Sin duda que el gobierno eliminó esa posibilidad debido al abuso que los contribuyentes hicieron de ella, pero no por ello se debería castigar a quien en efecto debe perder dinero al vender un bien raíz.

Es el caso por ejemplo del contribuyente que tenía un local en el centro del poblado por el que pasaba una carretera nacional muy transitada. Lo arrendaba por 5.000.000 de pesos mensuales. Pero un día alguien decidió que la carretera no debería pasar por el centro del pueblo sino que era mejor hacer una variante recta que recortaba en 5 kilómetros el recorrido, y claro, el pueblo del contribuyente se convirtió en un pueblo fantasma pues dejo de ser transitado y visitado, y este desafortunado contribuyente dejó de recibir los 5 millones mensuales a tener que pagar un salario a un celador para que cuidara ese local que ya nadie quiso tomar en arriendo. El contribuyente debió vender ese local por la quinta parte del costo fiscal, que era el mismo en que lo había comprado 5 años atrás.

Situaciones como estas suceden a menudo pero para el estado eso no cuenta. O gana o gana y me paga, o por lo menos no pierde.

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