Promesas hechas por el empleador se vuelven obligaciones

Friedrich Hebbel dijo alguna vez: “Una promesa es una letra de cambio que giramos a nuestro porvenir”

Y esa frase cobra mucha vigencia en el caso que hoy traemos, y que se resume en la frase que sirve de título a esta columna.

La situación es la siguiente:

Con ocasión de la venta de una empresa, su antiguo propietario terminó formalmente los contratos de trabajo que tenía vigentes con sus trabajadores, a quienes les canceló las prestaciones sociales adeudadas e indemnizó en la forma prevista por la ley para esos casos. Hasta aquí: todo bien.

El nuevo dueño quiso aprovechar los conocimientos y la experiencia de la mayoría de los trabajadores que venían laborando de tiempo atrás en la compañía, y procedió a vincularlos atendiendo todas las formalidades del caso.

Entre los trabajadores “reenganchados” hubo uno que le suscitó al empleador adquirente un especial interés, pues gozaba de gran reputación al interior de la empresa por sus reconocidas habilidades y destrezas en el desempeño de las funciones que atendía.

Entusiasmado con la idea de hacerse a dicho trabajador, el empleador le prometió que si se quedaba en la Compañía se le tendría en cuenta para efectos de  la liquidación de las cesantías la antigüedad que había acumulado en la entidad antes de la  transición en comento. La promesa quedó plasmada en una carta que le dirigió el empleador al trabajador.

Tiempo después las partes acordaron, también de manera formal, que el salario del trabajador sería integral.

Como en esos casos es necesario proceder a la liquidación de las cesantías, el empleador lo hizo pero omitió tener en cuenta para ello el tiempo anterior, es decir el laborado con el antiguo patrono.

Más tarde, el contrato de trabajo terminó y el trabajador reclamó a su empleador por el incumplimiento en que éste había incurrido al no incluir en la base de liquidación de las cesantías el tiempo en cuestión.

Como las cosas no se arreglaron a las buenas, el trabajador demandó a la empresa ante la justicia ordinaria laboral con la pretensión de que se le ordenara a aquella el pago de la reliquidación de las cesantías, los intereses sobre éstas, y la indemnización moratoria por el no pago oportuno de aquellas.

La entidad accionada se opuso a las pretensiones del trabajador aduciendo que ella no estaba obligada a pagar unas cesantías que se habían causado durante un tiempo en el cual el trabajador no había laborado para ella, y que la ley sólo obliga al empleador a responder por el tiempo que el trabajador le haya prestado realmente el servicio. Es decir, que es la prestación efectiva del servicio la que da origen al pago de las cesantías, y que la promesa de pago de un concepto laboral no causado podría eventualmente tener alguna relevancia en el terreno de lo ético, pero jamás en el ámbito de lo jurídico.  También alegó la demandada que las cesantías correspondientes al tiempo en discusión ya le habían sido canceladas por el antiguo empleador. O sea, que el demandante pretendía un doble pago. Se aclara que las cesantías del trabajador se regulaban por el antiguo sistema de liquidación, o sea por el de la retroactividad.

El juez de primera instancia desestimó las pretensiones del trabajador y condenó en Costas.

El demandante apeló y en el Tribunal las pretensiones del demandante corrieron igual suerte: la Sala confirmó la sentencia del a quo.

El Tribunal motivó su decisión en la forma que se indica a continuación, no sin antes aclarar que para efectos prácticos en este comentario llamaremos  Dow Química a la primera empresa, y Dow Corning a la segunda, que fue la demandada. 

“(…) Acorde con lo anterior, si bien es cierto el gerente General de la demandada (Dow Corning) le prometió al demandante tener en cuenta la antigüedad para efectos de liquidar la cesantía, también lo es que legalmente no es posible cumplir tal promesa pues, como se encuentra demostrado, DOW QUÍMICA, liquidó y pagó al actor, al momento del cambio de modalidad a salario integral y de la liquidación del contrato de trabajo. En efecto, son dos empresas totalmente diferentes, y no se demostró por la parte actora (Art. 177 del CPC) que existiera sustitución patronal en los términos consagrados por los artículos 67 y s.s. del C. S. T., o solidaridad alguna, luego no hay norma que obligue a mantener una antigüedad que no existió, pues el contrato con DOW QUÍMICA terminó por renuncia voluntaria del demandante  quien recibió la suma de $773.701, por concepto de cesantías finales.

  El trabajador interpuso el recurso de casación y el asunto fue resuelto por la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia.

Al desatar el recurso, la Corte hizo, entre otras, las siguientes precisiones:

“Al folio 62 aparece la comunicación que el 28 de mayo de 1991, el Gerente General de la demandada le remitió al actor (diciéndole):

“(...) Según lo acordado contigo y discutido con Dow Química, la vinculación a Dow Corning se hará conservando la antigüedad que tenías en Dow Química, para efectos de cesantías. Adjunto te indico las condiciones y beneficios del cargo…”.    

El texto literal del documento anterior refleja, sin duda, que hubo una oferta voluntaria, pura y simple de la sociedad demandada para reconocer al actor y únicamente para los efectos de cesantías, el tiempo que éste había prestado a la sociedad Dow Química.

Ese ofrecimiento, contrario a lo sostenido por el Tribunal, es lícito pues no contraviene disposición alguna del ordenamiento positivo. No debe olvidarse que de acuerdo con el artículo 1494 del Código Civil, una obligación nace, entre otros, del hecho voluntario de la persona que se obliga, así como del concurso real de las voluntades de dos o más personas, de manera que nada extraño hay en la obligación que contrajo la sociedad demandada con el actor –admitida y discutida por éste-- de conservarle la antigüedad que tenía con Dow Química para efectos de cesantías, lo que en el Derecho del Trabajo adquiere mayor relevancia jurídica en cuanto el Código Sustantivo del Trabajo solo contiene el mínimo de derechos y garantías para los trabajadores, de modo que cualquier ofrecimiento del empleador que tienda a superar ese mínimo, lejos de constituirse en una promesa que legalmente no se podía cumplir, como inexplicablemente lo asentó el sentenciador de la alzada, implica para el asalariado mejores condiciones de trabajo, las cuales no están prohibidas ni proscritas de nuestra legislación. (Texto original sin regrillas)

El error del Tribunal es mucho más evidente en cuanto se observa que echó de menos la configuración de la sustitución patronal entre las dos sociedades atrás mencionadas, cuando dicha figura, para los efectos del ofrecimiento que hizo la segunda empleadora y que el demandante consintió, era absolutamente irrelevante, pues no se estaban ventilando las consecuencias de la misma, la cual no fue alegada, sino simplemente el incumplimiento de Dow Corning de la obligación a la cual se comprometió voluntariamente y la cual se constituyó en el objeto del presente proceso.

Así pues, la Corte Casó la sentencia del Tribunal, revocó la de primer grado en ese punto, y en sede de instancia condenó a la demandada Dow Corning a pagar la cesantía y los intereses reclamados. No condenó a la indemnización moratoria porque le abonó la buena fe a la demandada.

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Una opinión
  1. Jose Villa dice:

    Así debiera ser el tratamiento de las promesas incumplidas que los políticos acostumbran hacer cuando están en campaña electoral, por ejemplo para aspirar a la presidencia de la República.

    Las promesas deben honrarse pues de lo contrario son un engaño hecho a conciencia para obtener sus propósitos y no es justo que luego de lograr lo buscado se desentiendan de manera olímpica y cínica de lo prometido y peor aún si se hacen los olvidadizos e incluso llegan a negar lo prometido o se refugian en el famoso, fuí mal entendido.

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