Prórroga automática (tácita reconducción) del contrato de trabajo celebrado a término fijo

Por   31/10/2017

A diferencia de lo que ocurre con el contrato de trabajo celebrado a término indefinido, que subsiste mientras subsistan las causas que le dieron origen y la materia del trabajo, el contrato celebrado a término fijo no tiene vocación de permanencia y por lo mismo su  vigencia depende de la duración del plazo convenido.

Sin embargo, no basta con que se extinga el plazo para que el contrato a término fijo termine, pues se hace necesario además que la parte interesada en no prorrogarlo se lo haga saber a la otra parte a más tardar 30 días antes de su vencimiento,  de tal suerte que si se vence el plazo convenido y las dos partes guardan silencio, el contrato se prorroga automáticamente por un período igual al inicialmente pactado.

Vale recordar que antes de expedirse la ley 50 de 1990, las cosas eran distintas, pues el numeral 3º del art. 4º del Decreto 2351 de 1965, que era la norma que en ese tiempo regulaba el asunto, disponía que la prórroga automática del contrato celebrado a término fijo era a un año. El texto de la norma era el siguiente:

«Si antes de la fecha del vencimiento estipulado, ninguna de las partes aviare por escrito a la otra su determinación de no prorrogar el contrato, con una antelación no inferior a treinta (30) días, se entenderá renovado por un año, y así sucesivamente.»

O sea que en este aspecto la ley 50 de 1990 significó un franco retroceso en el tema de la estabilidad laboral, pues a diferencia de lo que ocurría antes de su expedición, ahora puede haber prórrogas inferiores a un año.

Claro está que el legislador de la época, consciente del menoscabo que le estaba causando a la estabilidad laboral con la puesta en vigencia de dicha ley, quiso morigerar un poco la situación y estableció allí mismo que en tratándose de contratos celebrados a término fijo inferior a un año, a partir de la cuarta prórroga la duración de ésta sería de un año. 

Pero el aspecto central que queremos abordar en la columna de hoy es el siguiente:

El numeral 2º del art. 3º de la ley 50 de 1990 (art. 46 del C.S. del T.) señala lo siguiente:

«No obstante, si el término fijo es inferior a un (1) año, únicamente podrá prorrogarse sucesivamente el contrato hasta por tres (3) períodos iguales o inferiores, al cabo de los cuales el término de renovación no podrá ser inferior a un (1) año y así sucesivamente. »

La pregunta que surge aquí es la siguiente: en el caso de los contratos inferiores a un año ¿cómo operaría la prórroga automática a duración inferior a la inicialmente pactada? 

El ilustre tratadista Guillermo Guerrero Figueroa opina que debe darse una de las siguientes dos circunstancias:

a) Estipularse en el contrato que en caso de que haya lugar a la renovación del contrato, ella será por determinado período. Y propone como ejemplo el siguiente texto: “La duración del presente contrato será de seis meses y sus dos primeras prórrogas serán de dos meses cada una.”

b) Pactarse dicha cláusula antes de que concluya el período por el que transcurre el contrato o ya iniciado el posterior.

En los dos casos, la disminución de la duración de las prórrogas debe hacerse por mutuo acuerdo de las partes, pues la condición de subordinante que ostenta el empleador no le alcanza a éste para imponerle al trabajador esa modalidad de prórroga, toda vez que la subordinación se expresa durante la ejecución del contrato más no en su celebración.

De todas maneras la costumbre que se ha impuesto es que el contrato a término fijo inferior a un año se prórroga por períodos iguales al inicialmente acordado.

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