Lograr que se reduzcan los aportes para salud de los pensionados del 12% al 4%, podría terminar siendo una victoria pírrica

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De poco servirá que se bajen los aportes si no se mejora la calidad de los servicios de salud que reciben los jubilados 

Una lectora nos ha dejado en el espacio destinado a los comentarios de los visitantes, la siguiente inquietud: 

Cómo es posible que los pensionados, a quienes por razones lógicas no nos alcanza lo poquito que recibimos de pensión, y que por ello nos vemos en la obligación de hacer contratos o prestar servicios,  por cada contratico nos corresponda volver a pagar salud el 12% del 40% del valor de cada contrato. Pregunto: ¿para qué este dinero si ya estoy pagando salud?

Hasta cuándo nos seguirán robando? A dónde va esa plata? Al bolsillo de quien?  Esto es inaudito. Así por ejemplo, si hago un contrato de $ 25.000.000 tengo que pagar el 12% sobre $10.000.000, o sea, $1.200.000 aparte de las retenciones de ley... esto, para engrosar las cuentas de tantos lagartos chupa sangre.

Por favor no solo nos roban el 25% en la liquidación del ingreso normal, el  12% para salud, no recibimos auxilio de transporte, y el aumento anual de la pensión apenas llega al 2%. Es que creen que a los pensionados nos dan más barato el mercado y que no nos transportamos? Habrá alguien que nos defienda?

Pues bien, la inquietud de la señora me permite el siguiente comentario que comparto con los lectores de esta columna.

Sinceramente pienso que aquí el problema no es que el pensionado activo deba pagar un aporte adicional por el ingreso extra que recibe. Eso está bien. Lo que molesta y da ira es que los servicios médicos que recibe  el ciudadano no son oportunos, adecuados ni suficientes.

Dado que uno de los principios sobre los cuales descansa el Sistema General de Salud es el de la solidaridad, es apenas natural que quienes ganan más deban aportar más, y que quienes obtengan ingresos adicionales paguen también aportes adicionales, porque de esa manera se subsidia a quienes no aportan o aportan sumas muy bajas, tal como ocurre  con las personas que reciben servicios de salud por parte del SISBEN y de quienes cotizan sobre el salario mínimo y tienen inscritos varios beneficiarios.

De manera pues, que la protesta no se debería fincar en el costo de los aportes, sino en el pésimo servicio que reciben los pensionados. Aunque algunos piensen que aquí la diferencia es apenas semántica, no es tal. Así, por ejemplo, si a mí me venden una manzana dañada en tres mil pesos, mi protesta no la puedo fundamentar en que es muy cara para valer tres mil pesos, porque de esa manera yo estaría dando a entender que si el costo fuera menor yo aceptaría la manzana podrida, lo cual no sería ni saludable ni inteligente.  Lo propio ocurre con los aportes a salud, a mí no me sirven unos servicios médicos deficientes e inoportunos aunque sean baratos o regalados, yo lo que requiero son unos excelentes servicios. Entonces mi reclamo, para que tenga presentación y contundencia, no lo debo encausar por el sendero del costo sino por el de la calidad y la eficacia.

Yo estoy seguro de que si se les preguntara a los pensionados si ellos estarían dispuestos a seguir pagando el 12% por salud a cambio de unos excelentes servicios médicos, en los cuales las citas con especialistas fueran inmediatas, que el médico tratante dispusiera de la libertad plena para  ordenar los exámenes y pruebas que considerara necesarios,  que los medicamentos fueran de excelente calidad, etc., la inmensa mayoría de los encuestados aceptaría la propuesta.

La lucha, entonces, no debería ser para que se bajaran los aportes, sino para que se mejoraran los servicios. Los viejos no necesitan servicios baratos y malos, sino servicios excelentes aunque su costo les represente un esfuerzo adicional. Un pensionado con pensión mínima paga mensualmente $ 77.322, costo que resultaría justo si se tratara de buenos servicios.  Pero luchar por bajar los costos sin reparar en la calidad, es como pedir rebaja por la manzana podrida.

Algunos dirán que pretender buenos servicios con un sistema de salud como el que tenemos es una utopía, y que “a falta de pan, buenas son la tortas.”Ese refrán tendría validez en una sociedad de indolentes, de apocados, de gentes incapaces de soñar y de luchar. Y yo creo que la nuestra es una sociedad paciente pero no cobarde. Infortunadamente esa lucha se la hemos dejado a los pensionados y a éstos, en su mayoría, las fuerzas ya no les dan para encararla… ya no son una fuerza de presión de largo aliento. Esa lucha deben librarla todos los trabajadores, los activos y los pensionados, al fin y al cabo, todos tenemos una cita con la vejez.

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Una opinión
  1. Eduardo Dice:

    Nos podrían; el gobierno,incluso aumentar el aporte a salud y los pensionados y trabajadores no haríamos nada. El problema esta en que la salud es un negocio y sus propietarios nunca estarán satisfechos con las utilidades.

    Responder
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