¿Qué sucede cuando se celebra un contrato que recae sobre una cosa ajena?

Por   11/01/2012

Puede darse el caso en que se celebre un contrato que recaiga sobre una cosa ajena,  por ejemplo que pasa si se celebra un contrato de comodato en el cual la cosa que se da en comodato es ajena; en este caso si el verdadero dueño reclama la cosa antes de que se cumpla el tiempo de terminación del comodato, el comodatario no tendrá acción  de perjuicios alguna en contra del comodante, solo podrá demandarlo por perjuicios cuando haya dado la cosa en comodato a sabiendas de que era ajeno y no lo manifestó al comodatario.

Otro caso puede ser  cuando se celebra un contrato de mutuo  o préstamo de consumo sobre una cosa ajena  en esta situación  mientras conste la identidad de las cosas como lo establece el artículo 2227 del código civil, se podrán reivindicar a su verdadero dueño, pero ¿Qué sucede cuando la identidad de la cosa ha desaparecido? Aquí se pueden presentar dos casos, primero que el mutuario sea de mala fe, es decir, que haya tenido conocimiento de que la cosa era ajena, si fue de mala fe será obligado a pagar de inmediato.

Siguiendo con el tema del mutuo o préstamo de consumo de cosa ajena, el segundo caso sería que el mutuario haya actuado de buena fe, es decir, que no haya tenido conocimiento de que la cosa era ajena, el mutuario de buena fe solo será obligado al pago con los intereses estipulados, mientras que el mutuario de mala fe además de realizar el pago debe pagar los intereses con el máximo estipulado en la ley.

Por otro lado está la venta de cosa ajena la cual es válida, sin perjuicio de los derechos del verdadero dueño, pero los derechos del verdadero dueño solo pueden ser alegados mientras no se extingan por el lapso del tiempo, por ejemplo por prescripción. En la compraventa de cosa ajena se puede dar el caso en que el verdadero dueño ratifique la venta, entonces se confieren los derechos de tal al comprador desde que se efectuó la  venta.

Siguiendo el tema de la compraventa de cosa ajena también puede ocurrir que el vendedor de una cosa ajena adquiera después la propiedad o el dominio, los efectos de esta situación son que se mira al comprador como verdadero dueño a la fecha en que se efectuó la tradición.

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