El emprendedor debe separar las finanzas personales de las finanzas de su negocio

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Un emprendedor por lo general es una persona con muy buenas ideas pero suele desconocer principios básicos de las finanzas, y uno de ellos es no juntar las finanzas personales con las de su negocio.

El emprendedor informal, de esos que abundan en nuestro medio, no lleva sus negocios con la disciplina de una empresa formalmente establecida, sino que día a día va gestionando sus asuntos según se vayan se confunda la plata que es personal con la que está directamente relacionada con su proyecto de emprendimiento.

Esto es grave porque hace imposible determinar si su negocio es rentable o no, o qué tan rentable es.

Si el dinero del negocio lo volvemos plata de bolsillo, es imposible determinar si estamos ganando o estamos perdiendo, y eso impide que se puedan tomar decisiones adecuadas respecto a la gestión del negocio.

Si no sabemos qué es lo que exactamente está generando el negocio, o  cuánto se está gastando y en qué se está gastando, no podremos identificar errores y oportunidades y no podemos decidir en función de ellas.

Además de separar las finanzas  personales de las finanzas el negocio, es preciso fijar un presupuesto claro tanto para el negocio como para la casa.

Por lo general un emprendedor en sus primeros pasos  vive de lo que da su negocio, y va retirando dinero en la medida en que lo va necesitando, y si no hay presupuesto, el asunto se puede descontrolar.

Para evitarlo, el emprendedor se debe fijar un sueldo, es decir, destinar parte de lo que el negocio genere para sus gastos personales y el resto dejarlo en el negocio.

De esta forma se logran dos objetivos bien importantes.

  1. Debemos gestionar el presupuesto personal correctamente. Si tenemos claro cuánto nos podemos gastar en un mes, es más probable que seamos disciplinados y no gastemos más de lo que debemos.
  2. Permite dejar un capital de trabajo en el negocio. Al fijarnos un sueldo, lo que quede se quedará en el negocio para ser reinvertido y hacerlo crecer.

Si no nos fijamos un sueldo, fácilmente nos gastamos todo lo que el negocio rente y este se quedará sin los recursos para crecer o para mantenerse, y con un descuido terminamos descapitalizando el negocio, o como se dice popularmente, en menos que canta un gallo nos comemos el capital.

Por ejemplo, una buena práctica es fijarnos un sueldo que no representa más del 90% de lo que genere el negocio cada mes, de manera que obligadamente se ahorra una parte para crecimiento del negocio, y no tocar lo que le corresponde al negocio aun cuando nuestro sueldo no nos alcance.

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