¿Sicología y política van de la mano?

Bastante se ha dicho que una de las formas de bajar salarios es no incrementarlos para que la inflación se encargue del resto, y curiosamente las personas no se resisten a ello, lo que harían si directamente les bajaran el sueldo.

Todo se debe  la forma como las personas perciben ciertas situaciones, y a las formas como asumen la realidad según la forma en que se la presentan, o según su marco de referencia, algo que algunos sicólogos llamaron la teoría de la perspectiva.

Sin profundizar esta teoría, es evidente que la gente se molesta mucho cuando le bajan el sueldo y se molesta menos cuando no se lo suben, aunque en términos reales el resultado es igual: ha perdido la misma capacidad adquisitiva.

Cuando a una persona  se le baja el sueldo, siente que pierde algo, y por supuesto que se resistirá a ello. No muchos asumen de buena forma el perder algo.

Pero cuando no se le sube el sueldo, siente que no ha perdido nada, sino que ha dejado de ganar algo. Considera que aunque no ha ganado tampoco ha perdido. Dejar de ganar algo resulta menos doloroso y traumático a perder algo, aunque al final el resultado sea equivalente: su sueldo de una  u otra forma sólo alcanzará para comprar 10 panes.

Debido a esto, es que los gobiernos fijan políticas económicas y laborales regresivas que son asumidas de forma sumisa por la sociedad, pues las formas como las presentan y las implementan despiertan sentimientos menos fuertes en la población, sin la suficiente fuerza como para genera una huelga general.

Parece ser que para ser político y economista hay que echar mano de la sicología.

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