Siempre lo hemos hecho así

En nuestro medio, en especial a los pequeños empresarios y emprendedores, es común escucharles decir “siempre lo hemos hecho así” cuando se les sugieren cambios o mejoras en sus productos o procesos.

Esta mentalidad es fatal para cualquier proyecto, puesto que lleva al emprendedor a confiarse por el sólo hecho de que siempre le ha ido bien haciendo las cosas así, y piensa que por esa razón, le seguirá yendo bien.

A veces olvidamos que el consumidor y la competencia evolucionan a diario, y que si no marchamos a su ritmo es muy probable que quedemos rezagados.

Continuamente debemos buscar mejorar tanto la calidad de nuestros productos y servicios como los procesos requeridos para elaborarlos, de otra forma no podremos ganar competitividad en un mercado que cada día es más exigente, y donde la competencia nos llega de todas partes.

Es importante no perder de vista que en este mundo globalizado y competitivo en un abrir y cerrar de ojos podemos quedar fuera de competencia.

Algunos de nuestros emprendedores se resisten al cambio por muchas razones, y quizás la más importante tiene que ver con el costo económico inicial que conlleva el cambio de procedimientos, herramientas y políticas, olvidando que estos costos serán recuperables en un futuro próximo, y que además, son necesarios.

Todo proyecto requiere una inversión continua si quiere evolucionar y permanecer vigente en el mercado, inversión que muchos empresarios y emprendedores no están dispuestos a asumir. Parece que nos conformamos con lo que tenemos, con lo que hemos conseguido.

En algunos casos, el miedo al cambio es el resultado de no ser un verdadero emprendedor, o de estar embarcado en un proyecto del que no se está convencido, situación que nos lleva a carecer de visión y decisión para ir más allá de donde siempre hemos llegado.

Hay muchas emprendedores que han creado un negocio por obligación, por necesidad, motivaciones que aunque válidas no son suficientes para ser un verdadero empresario o emprendedor, y si no tenemos una verdadera vocación empresarial, difícilmente podremos desenvolvernos a la altura de las exigencias del medio, y entre esas exigencias está el evolucionar constantemente.

El conformismo y la confianza son quizás el principal enemigo del emprendedor, más que la misma competencia, por lo que no debemos cometer el error de confiarnos y conformarnos porque como dice nuestro popular adagio “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

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