Tenga cuidado con viejas deudas de tarjeta de crédito al tramitar créditos hipotecarios

Los bancos no olvidan, ni perdonan, permanecen al acecho. Tenga cuidado con viejas deudas de tarjeta de crédito al momento de tramitar créditos hipotecarios. 

Contextualización 

Es normal que en nuestras épocas de estudio, o primeras experiencias de trabajo tuviésemos como muestra de orgullo y vanidad ante propios y extraños una primera tarjeta de crédito con cupos mínimos que luego de algunos meses de “excelente manejo” se nos premiara con el aumento de nuestra capacidad de endeudamiento a límites más allá de las reales capacidades de pago, y es cuando, nuestra falta de educación financiera nos lleva a la errada convicción de “pague credibanco y luego miramos que hacemos” [a cifras de hoy, un cupo mínimo de endeudamiento de primera vez,  no supera los $ 500.000,oo o $ 600.000,oo cupo que a los seis meses se duplica y al año ya está triplicado pero copado y  a duras penas trabajando para pagar la cuota mínima de unos $ 50.000,oo mensuales que por más que paguemos no afecta considerablemente el capital ] hasta que vemos que no podemos más, “reventamos la tarjeta”, nos bloquean, no podemos pagar y  terminamos dejando eso así, angustia que poco a poco nos pasa cuando sentimos que transcurre el tiempo y de un recordatorio de cobro de vez en cuando no sucede más, hasta que definitivamente impera el silencio con lo que terminamos restándole importancia, hasta olvidando el tema.

Años después, organizamos nuestra vida y en la ilusión natural de formar  una familia, la casita es la primera prioridad -para otros, el carrito, pero para el caso es igual- con mucho sacrificio juntamos el ahorro de la cuota inicial y es entonces que nos acordamos de aquel banco que nos dio sin tanto riquiñeque la primera tarjeta de crédito, aquella que al final no terminamos de pagar, pero que nunca nos cobraron… nos acercamos, averiguamos, cumplimos cuanto requisito ridículo nos piden y que felicidad… nos aprueban el crédito!!!, y de la misma emoción firmamos cuanto papel nos presentan sin leer más allá de nuestros nombres.

Tenemos escritura, vivimos en nuestra casa blindada con patrimonio de familia o afectación a vivienda familiar, y religiosamente comenzamos a cumplir con las tropocientasmil cuotas, hasta que un mal día nos llega juez, secretario, abogado sustituto recién graduado, secuestre y policía a secuestrarnos la casa sin más explicación de “que es un proceso hipotecario porque le debemos al banco” no vale explicación alguna de que estamos al día en los pagos de la hipoteca; al día siguiente desesperados vamos al juzgado, nos notifican de la orden de pago con copia de la demanda y es cuando entre susto y disgusto vemos aquellos pagarés amarillos que firmamos 5, 8, 10 o más años atrás en respaldo de esa primera tarjeta de crédito junto con el reluciente blanco del que firmamos hace no más de 2 años por la casa, tomamos aire y cuando el valor supera nuestra incredulidad al otro día nos acercamos al banco, donde solamente nos dicen que esas deudas de tarjeta de crédito siempre estuvieron vigentes y es la oportunidad de ponerse al día para restaurar el plazo del crédito hipotecario, que firmando una propuesta de pago preforma en un comité de crédito en cinco días nos podrían condonar hasta el 50% de la mora pagando en un contado la liquidación que actualizada equivale como a 10 cuotas de la hipoteca. No sabemos qué hacer, pero aun a sabiendas que no tenemos el dinero, la angustia, ansiedad y emotividad negativa del momento nos orilla a firmar la propuesta. Ya en casa con algo de control, por vergüenza de hacerlo con el jefe, el amigo o la familia, consultamos al Tío Google y es cuando nos cuestionamos que tan válido es lo que nos está sucediendo… deudas de hace tanto tiempo… obligación hipotecaria al día… patrimonio de familia o afectación a vivienda familiar… que está sucediendo…?

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