Un incremento del PIB no garantiza una disminución de la pobreza

El incremento del PIB ha sido uno de los indicadores más utilizado por especialistas y analistas para medir la disminución de la pobreza, pero todo parece indicar que un incremento del PIB no garantiza una disminución de la pobreza, y en algunos casos, está se acentúa.

El incremento del PIB sirve para medir el incremento de la riqueza de una nación considerada globalmente,  pero no dice nada sobre el incremento o disminución de la pobreza de forma individual.

En el mundo capitalista, por lo general el incremento del PIB va asociado con un incremento en la concentración de la riqueza en pocas manos, y como consecuencia de ello, en el incremento de personas con menos recursos, o lo que es lo mismo, con el incremento del número de personas pobres.

Esta situación resulta obvia incluso en el mismo sector empresarial, que cada año ve cómo muchas empresas se quiebran, son absorbidas por otras o desaparecen por cuenta de sofisticados acuerdos de colaboración empresarial, de suerte que el número total e empresas disminuye, mientras que el monto de los activos de algunas empresas se incrementa ostensiblemente.

Y si eso sucede en el corazón de las grandes empresas, es de suponer que también suceden en las medianas y pequeñas empresas, y por supuesto en la gente del común, donde cada año el desempleo y pérdida de oportunidades empuja a la pobreza a más y más gente.

Ante un panorama así, el incremento del PIB sólo contribuirá a la disminución de la pobreza si el estado define políticas encaminadas a redistribuir el ingreso, de forma tal que las oportunidades lleguen a más personas y no a pocas como hasta el momento ha sucedido.

Mientras los esfuerzos del estado se sigan encaminando en proteger y ayudar únicamente a los que ya disponen de una riqueza, la pobreza seguirá en aumento por más que los ricos actuales aumenten sus capitales, puesto que eso no hará sino agravar más la desigualdad en la distribución de la riqueza.

Un ejemplo claro de esta política de concentración de la riqueza, es la política agraria colombiana, en la cual se han asignado miles de millones de pesos a unas pocas familias, mientras que la población rural del común ha visto perder no solo las oportunidades, sino sus pocas tierras ante el avance implacable de la sociedad entre grandes poseedores de la riqueza y el estado que les suministra más riqueza.

Es por ello que aun cuando las estadísticas muestren un incremento en la inversión y la producción agrícola, la pobreza y el desplazamiento en el sector rural se habrán multiplicado.

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