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Costo hundido: qué es, ejemplos y la falacia del costo irrecuperable

Un costo hundido es un gasto que ya se hizo y que no puede recuperarse, decida lo que se decida en adelante. Por eso no debe influir en las decisiones futuras, que deben tomarse solo con los costos y beneficios que todavía pueden cambiar. Cuando una persona o una empresa sigue adelante con un proyecto solo porque ya invirtió mucho en él, incurre en la llamada falacia del costo hundido. ¿Cómo se identifica y cómo evitarla?

Qué es un costo hundido.

Un costo hundido, también llamado costo irrecuperable o costo sumergido, es un dinero que ya se gastó y que no se puede recuperar de ningún modo. Está en el pasado, y ninguna decisión presente o futura lo va a devolver.

Supongamos que una persona compra una boleta para un concierto por $200.000, no reembolsable, y el día del evento se siente enferma. Los $200.000 son un costo hundido: los perdió si se queda en casa y también si va al concierto. Por eso la decisión de ir debe basarse en si le conviene ir, no en que ya pagó la boleta.

Esa es la regla: como el costo hundido no cambia con ninguna alternativa, no sirve para escoger entre ellas.

Costos hundidos y costos relevantes.

Al evaluar una decisión, los costos se dividen en dos grupos. Los relevantes son los que todavía pueden cambiar según lo que se decida; los hundidos son los que ya ocurrieron y son iguales en cualquier escenario.

Solo los costos relevantes deben entrar en el análisis. Es la misma lógica del valor presente neto, que evalúa un proyecto con los flujos futuros y deja por fuera lo que ya se gastó.

Un costo solo es hundido en la parte que no se puede recuperar. Si una empresa compró una máquina por $50.000.000 y hoy puede venderla por $20.000.000, el costo hundido es de $30.000.000; los otros $20.000.000 son un valor recuperable que sí debe considerarse al decidir qué hacer con ella.

Tampoco debe confundirse con el costo fijo. El arriendo del próximo año es un costo fijo, pero no está hundido: todavía se puede evitar cerrando el local o no renovando el contrato. El costo hundido es siempre pasado.

Ejemplo en una empresa.

Supongamos una empresa que lleva un año desarrollando un nuevo producto y ya invirtió $100.000.000. Para terminarlo necesita $50.000.000 más. Un nuevo estudio de mercado indica que, una vez lanzado, el producto generará flujos con un valor presente de $40.000.000.

La tentación es pensar: «ya invertimos $100.000.000; si no lo terminamos, los perdemos». Pero esos $100.000.000 ya se perdieron o no, sin importar lo que se decida. La comparación correcta es entre lo que falta invertir y lo que se va a recibir:

Concepto Terminar el producto Abandonarlo
Inversión ya hecha (hundida) $100.000.000 $100.000.000
Inversión adicional $50.000.000 $0
Valor presente de lo que generará $40.000.000 $0
Resultado de la decisión −$10.000.000 $0

Terminar el producto le cuesta a la empresa $10.000.000 más de lo que recibirá. Abandonarlo es la mejor decisión, aunque duela reconocer que el año de trabajo no dio frutos. Los $100.000.000 aparecen en las dos columnas: son irrelevantes para decidir.

Si los $50.000.000 adicionales pudieran invertirse en otro proyecto, además habría que sumar lo que ese otro proyecto produciría. Seguir con el primero tendría también un costo de oportunidad.

La falacia del costo hundido.

La falacia del costo hundido, también conocida como sesgo del costo irrecuperable, es el error de tomar una decisión en función de lo que ya se invirtió, en lugar de lo que se puede ganar o perder en adelante.

Sus manifestaciones son cotidianas:

  • Seguir pagando una membresía de gimnasio que no se usa porque «ya se pagó la inscripción».
  • Terminar de ver una película aburrida porque ya se pagó la entrada.
  • Seguir invirtiendo en un negocio que pierde dinero porque «ya se le metió mucho».
  • Mantener una acción que se desploma esperando «recuperar lo perdido».

En todos los casos, la persona agrega costos nuevos, de tiempo o de dinero, para justificar costos viejos que no va a recuperar.

Es el mismo mecanismo que lleva a un jugador a seguir apostando para recuperar lo que ya perdió: cuanto más ha perdido, más difícil le resulta retirarse, y al final pierde mucho más de lo que habría perdido si se hubiera detenido a tiempo.

Por qué caemos en esta falacia.

La falacia no es un error de cálculo, sino de emociones. Abandonar un proyecto obliga a reconocer que se tomó una mala decisión, y eso resulta doloroso. Seguir adelante permite aplazar ese reconocimiento.

También influye el temor al desperdicio: se siente que abandonar es «botar» lo invertido, cuando en realidad lo invertido ya se perdió. Y en las organizaciones pesa además la reputación de quien impulsó el proyecto, que prefiere seguir antes que admitir el error.

Esa tendencia a comprometer cada vez más recursos en una decisión fallida se conoce como escalada del compromiso, y está detrás de proyectos públicos y privados que se prolongan durante años pese a sus malos resultados.

Cómo evitar la falacia del costo hundido.

Hay algunas prácticas que ayudan a tomar la decisión correcta:

  • Preguntarse qué se haría si se empezara hoy. Si hoy no invertiría en ese proyecto partiendo de cero, no debe seguir invirtiendo en él solo porque ya lo empezó.
  • Comparar solo lo que viene. Poner en una balanza lo que falta invertir y lo que se espera recibir, dejando por fuera lo ya gastado.
  • Fijar límites antes de empezar. Definir desde el comienzo en qué condiciones se abandonará el proyecto, cuando todavía no hay nada invertido que defender.
  • Pedir una opinión externa. Alguien que no participó en la decisión original no tiene el mismo apego a lo invertido.

Aceptar una pérdida a tiempo no es un fracaso: es la forma de evitar una pérdida mayor.

Costo hundido y costo de oportunidad.

Los dos conceptos están relacionados, pero miran en direcciones opuestas. El costo hundido mira al pasado y no debe influir en la decisión. El costo de oportunidad mira a las alternativas presentes y sí debe influir.

Cuando alguien cae en la falacia del costo hundido, suele incurrir además en un costo de oportunidad: los recursos que sigue metiendo en el proyecto fallido podrían estar produciendo en otro lado.

Supongamos que alguien invirtió $100 en un proyecto sin futuro y tiene $50 más. Si los invierte en el mismo proyecto, puede perder los $150. Si reconoce la pérdida de los $100 y destina los $50 a una alternativa rentable, protege ese dinero y además obtiene una ganancia. La diferencia entre esas dos opciones es el costo de oportunidad de no haber reconocido el costo hundido.

Preguntas frecuentes.

A continuación respondemos las preguntas frecuentes de nuestros lectores.

¿Qué es un costo hundido?

Es un gasto que ya se hizo y que no se puede recuperar, decida lo que se decida. Por eso no debe influir en las decisiones futuras.

¿Costo hundido y costo irrecuperable son lo mismo?

Sí. También se le llama costo sumergido, y en España, coste hundido.

¿Qué es la falacia del costo hundido?

Es el error de seguir adelante con una decisión porque ya se invirtió mucho en ella, en lugar de evaluar lo que se puede ganar o perder en adelante.

¿Un costo fijo es un costo hundido?

No necesariamente. Un costo fijo futuro, como el arriendo del próximo año, todavía se puede evitar. El costo hundido es siempre un gasto pasado que no se puede recuperar.

¿Si puedo vender el activo, el costo sigue siendo hundido?

Solo en la parte que no se recupera. Si una máquina costó $50.000.000 y se puede vender en $20.000.000, el costo hundido es de $30.000.000.

¿Qué diferencia hay entre costo hundido y costo de oportunidad?

El costo hundido es lo que ya se gastó y no debe influir en la decisión; el costo de oportunidad es lo que se deja de ganar por elegir una alternativa, y sí debe influir.

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Forma de citar este artículo (APA):

Gerencie.com. (2026, octubre 12). Costo hundido: qué es, ejemplos y la falacia del costo irrecuperable [Entrada de blog]. Recuperado de https://www.gerencie.com/costo-hundido.html

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