El acreedor puede perseguir los bienes del deudor que se insolventa

Cuando una persona no quiere pagar una deuda, el camino que escoge generalmente es insolventarse, que en el contexto de esta nota no es otra cosa que traspasar la propiedad de sus bienes a familiares o amigos con el fin de evitar que le sean embargados por su acreedor.

Naturalmente que este traspaso o enajenación no es real sino simulado, donde  se firma un contrato de compraventa con su respectiva escritura pública e inscripción en el registro de instrumentos públicos, pero sin que haya ocurrido pago alguno.

Cuando el acreedor pretende ejecutar al deudor se encuentra con que este no tiene ninguna propiedad a su nombre que pueda ser embargada, pues las ha pasado a nombre de terceros.

Ante esta situación el acreedor no está completamente desprotegido, ya que puede demandar los negocios que sirvieron para transferir el dominio de las propiedades el deudor, mediante la acción de simulación.

Así lo ha recordado la sala civil de la corte suprema de justicia en sentencia SC16669 - 2016 (Noviembre 18) con ponencia del magistrado Ariel Salazar:

«El tercero acreedor del enajenante simulado puede, por consiguiente, denunciar la simulación que produce afectación sobre su derecho de crédito, impugnando el acto de enajenación con el que su deudor ha fingido la disminución de su patrimonio, cuando en realidad no ha enajenado nada y los bienes objeto de ese contrato siguen siendo prenda de la acreencia.

La impugnabilidad de ese acto de disposición patrimonial depende del principio general por cuya virtud el tercero puede invocar la simulación ajena cuando tal declaración le beneficie, en cuyo caso su interés se concreta en hacer prevalecer la realidad sobre la apariencia. (….) de ahí que el fin último perseguido por éste es la reconstrucción del patrimonio de su deudor.»

Continúa diciendo la sala civil de la corte suprema de justicia:

«Luego, si el acreedor está legalmente facultado para perseguir todos los bienes que conforman el patrimonio de su deudor, entonces nada obsta para que pueda invocar la acción de simulación tendiente a rehacer ese patrimonio que constituye la prenda general de su crédito, en ejercicio de su derecho auxiliar de perseguir la satisfacción de la deuda.

Con miras a lograr ese objetivo, según lo ha precisado la jurisprudencia desde hace considerable tiempo, le corresponde demostrar la existencia de la acreencia contraída a su favor y establecer que «el acto acusado lo perjudica, por cuanto en virtud de él queda en incapacidad para hacer efectivo su derecho, por no poseer el obligado otros bienes» (CSJ SC, 15 Feb. 1940, G.J., T. XLIX, p. 71, reiterado en CSJ SC, 1º Nov. 2013, Rad. 1994-26630-01), o «porque le imposibilite u obstaculice la satisfacción total o parcial de la obligación, o por la disminución o el desmejoramiento de los activos patrimoniales del deudor» (CSJ SC, 2 Ago. 2013, Rad. 2003-00168-01).»

Esa legitimación extraordinaria de que goza el tercero frente a negocios jurídicos en los que no hizo parte, le permiten al acreedor demandar la simulación de un contrato para conseguir que los bienes sustraídos del patrimonio del deudor regresen a este y luego sí pretender la ejecución de los títulos valores que llegare a poseer.

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